Torrente: La Escuela Filosófica que Triunfa entre los Políticos

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Torrente Presidente
Torrente Presidente

Torrente: El Filósofo más Aclamado entre los Políticos

Cómo su doble moral se convirtió en el manual de gobernanza del siglo XXI

Cuando Santiago Segura creó a José Luis Torrente, pensó que estaba caricaturizando al español casposo, racista y corrupto que señala la paja en el ojo ajeno mientras ignora la viga en el propio. Lo que no sabía es que estaba haciendo un documental anticipado de nuestra clase dirigente.

Porque si hay algo que define a Torrente —más allá de la incompetencia, la corrupción o el machismo— es su hipocresía elevada a forma de vida. Su capacidad para perseguir en otros exactamente los mismos delitos que él comete, pero con la ventaja moral de hacerlo desde una supuesta posición de autoridad.

Quitemos ideología. Quitemos estética. Quitemos el discurso. Y miremos solo los hechos, la ética, la moral. Lo que queda es un espejo incómodo: Torrente y nuestros dirigentes son la misma persona. Solo que unos llevan chándal y cadena, y otros traje de Armani y agenda institucional.

"¡Yo soy la ley!"

Torrente lo decía mientras plantaba pruebas, extorsionaba testigos y robaba en el lugar del crimen. La autoridad no le venía de su competencia (nula) ni de su integridad (inexistente), sino de la posición que ocupaba. El cargo lo convertía en juez y verdugo.

Nuestros políticos lo practican cada vez que aprueban leyes que solo aplican a los demás. Reformas laborales que predican austeridad mientras sus sueldos suben. Recortes en sanidad pública mientras se operan en clínicas privadas de lujo. Impuestos que diseñan con agujeros que solo sus asesores fiscales saben explotar.

La escuela Torrente 2025-2026:

  • El que proclamó "la austeridad es fundamental" mientras se subía el sueldo un 15% en plena crisis
  • El que defendía "la transparencia total" pero recurrió a los tribunales para no publicar sus ingresos
  • El que predicaba "igualdad ante la ley" mientras negociaba amnistías fiscales para sus amigos

Torrente robaba con la placa puesta. Ellos legislan con la Constitución en la mano. Ambos creen que el cargo les da patente de corso. La diferencia es que Torrente no tenía departamento de comunicación que llamara a su latrocinio "medidas excepcionales en contexto de emergencia".

"Tú eres tonto, ¿verdad?"

Torrente lo soltaba a cualquiera que cuestionara sus métodos o le pidiera explicaciones. El desprecio explícito, sin filtros. Si no le entendías, el problema era tu estupidez, no su incoherencia.

Nuestros líderes lo reformulan: "No voy a entrar en ese debate", "Los ciudadanos no entienden la complejidad del asunto", "Hay cuestiones técnicas que escapan al análisis superficial". Misma esencia, mejor packaging.

Masterclass de desprecio reciente:

  • "La ciudadanía necesita pedagogía para entender nuestras decisiones" (después de prometer consultas populares que nunca llegaron) [ref:5,17]
  • "No voy a legitimar ese debate con mi presencia" (cuando le preguntaron por sus contradicciones)
  • "Hay que saber leer entre líneas de los documentos técnicos" (tras ser pillado en una contradicción flagrante)

Cuando les preguntan por las contradicciones entre lo que prometieron y lo que hacen, entre lo que exigen y lo que practican, la respuesta es siempre la misma: tú eres tonto por no entender la diferencia. Claro que hay diferencia entre que ellos defrauden y que lo haga un autónomo. Entre que ellos mientan y que lo haga un ciudadano. Entre que ellos incumplan la ley y que lo hagas tú.

La diferencia es que ellos tienen razones (que nunca explican del todo, pero que seguro son muy complejas).

"A mí España no me la toca ni Dios"

Torrente envolvía su vileza en patriotismo de pacotilla. Mientras robaba, extorsionaba y humillaba, se presentaba como defensor de los valores patrios. Su bandera era una coartada moral para comportarse como un delincuente.

Suena familiar, ¿no? Cuántos políticos han saqueado las arcas públicas mientras se envolvían en banderas. Cuántos han vendido el país al mejor postor mientras daban discursos inflamados sobre soberanía nacional. Cuántos han destrozado los servicios públicos mientras se presentaban como guardianes de "lo nuestro".

Patriotismo de conveniencia:

  • El que gritaba "España primero" mientras tenía fortunas en paraísos fiscales
  • El que arengaba contra "la traición" mientras negociaba con los intereses extranjeros que decía combatir
  • El que se fotografiaba con la bandera mientras recortaba ayudas a los más vulnerables

Torrente perseguía a inmigrantes irregulares mientras él mismo era un delincuente en activo. Nuestros dirigentes persiguen el "fraude de los de abajo" (las ayudas sociales, los pequeños autónomos) mientras organizan tramas de corrupción que mueven millones. Ambos usan el patriotismo como escudo y la ley como arma... contra los demás.

"Yo no tengo la culpa de ser un fuera de serie"

Torrente jamás asumía responsabilidades. Cada desastre que provocaba era culpa del sistema, de sus compañeros, de la mala suerte. Él era una víctima incomprendida de su propio genio.

Nuestros políticos han perfeccionado la técnica. Cuando sus decisiones provocan catástrofes: culpa de la herencia recibida, de la oposición, de Bruselas, de la crisis internacional, del clima, de los astros.

Galería de víctimas 2025:

  • "La herencia que recibimos era peor de lo imaginado" (tras 3 años en el poder)
  • "Bruselas nos obliga a tomar estas decisiones" (cuando eran decisiones totalmente autónomas)
  • "La oposición nos impide gobernar" (con mayoría absoluta)

¿Hospitales colapsados? Culpa de la pandemia (que llevaba dos años avisando). ¿Economía hundida? Culpa de la guerra (que empezó después de sus medidas). ¿Corrupción sistémica? Culpa de cuatro manzanas podridas (que casualmente ocupaban todos los cargos de decisión).

Nunca, jamás, es su responsabilidad. Como Torrente, son víctimas de las circunstancias. Fueras de serie incomprendidos que, si les dejaran trabajar sin críticas molestas, lo arreglarían todo.

"¿Tú sabes con quién estás hablando?"

La frase favorita de Torrente cuando alguien osaba cuestionarle. El recurso final: la autoridad por la autoridad. No argumentos, no razones, solo poder.

La frase no escrita pero omnipresente de nuestra clase política. Cada vez que un periodista pregunta algo incómodo y le retiran la acreditación. Cada vez que un ciudadano denuncia y se le abre una causa por desacato. Cada vez que un juez investiga y le acusan de politizar la justicia.

Autoridad sin argumentos:

  • "No voy a permitir que se cuestione mi honor" (cuando publicaron sus negocios oscuros)
  • "Hay que respetar las instituciones" (cuando las instituciones les investigaban)
  • "Este es un ataque a la democracia" (cuando la oposición pedía explicaciones)

¿Cómo te atreves a cuestionar a quien está en el poder? ¿No sabes con quién estás hablando?

Torrente lo decía en bares de mala muerte. Ellos lo practican en el Congreso, en los tribunales, en las televisiones públicas. El mensaje es idéntico: hay una casta intocable, y tú no perteneces a ella.

El espejo que nos negamos a ver

Pero aquí viene lo verdaderamente incómodo: la mayor hipocresía de Torrente no es que critique lo que practica. Es que lo practica a una escala infinitamente menor que aquellos a quienes persigue.

Torrente robaba carteras. Los traficantes a los que perseguía movían toneladas de droga. Torrente extorsionaba a algún infeliz. Los mafiosos a los que "combatía" controlaban barrios enteros. Torrente era corrupto. Los políticos en su punto de mira manejaban presupuestos de millones.

Y aquí está el paralelismo perfecto con nuestra clase dirigente.

Persiguen al pensionista que hace chapuzas sin declarar mientras ellos tienen fortunas en paraísos fiscales. Criminalizan a la madre que roba pañales mientras ellos desvían fondos públicos a empresas fantasma. Señalan al parado que "no quiere trabajar" mientras ellos cobran dietas por desayunos que nunca existieron.

La geometría del robo:

  • El autónomo que factura 2.000€: CRIMINAL
  • El político que desvía 2 millones: "Error administrativo"
  • El parado que cobra 400€ de ayuda: FRAUDE
  • El consejero que cobra 40.000€ en dietas: "Derecho legítimo"

Geométricamente superior. Esa es la clave. No es solo que hagan lo mismo que critican. Es que lo hacen multiplicado por mil, organizado, sistematizado y blindado legalmente.

Las frases que no dicen pero que gritan

Torrente: "Esto es un puto atraco"

Políticos 2025: "Ajustes necesarios en el gasto social" (mientras se suben el sueldo un 15%)

Torrente: "A mí que me registren, que no tengo nada que ocultar"

Políticos 2026: "No voy a comentar filtraciones de mi patrimonio porque atenta contra mi privacidad" (después de pedir transparencia total a los ciudadanos)

Torrente: "Si tú robas, vas al trullo. Si yo robo, es redistribución de recursos"

Políticos: "Las amnistías fiscales incentivan la regularización" (mientras endurecen las penas por pequeños fraudes)

Torrente: "Las normas son para los gilipollas"

Políticos 2025: "Se requiere cierta flexibilidad interpretativa del marco normativo" (traducción: las normas son para vosotros, no para nosotros)

Epílogo: La risa se nos quedó congelada

Santiago Segura nos hizo reír con Torrente porque era evidentemente grotesco. Su hipocresía era tan burda, tan explícita, que resultaba cómica. Sabíamos que era un personaje, una exageración, una advertencia con forma de carcajada.

El problema es que nuestros dirigentes han normalizado la misma hipocresía, pero con mejor vestuario y lenguaje institucional. Han convertido la doble moral en política de Estado. Han hecho de la corrupción un trámite administrativo. Han transformado el desprecio al ciudadano en "pedagogía política".

Y lo peor no es que sean como Torrente. Lo peor es que son exactamente iguales, pero con presupuestos públicos, inmunidad parlamentaria y acceso a los medios de comunicación.

Torrente al menos era honesto en su deshonestidad. Sabías a qué atenerte. Nuestros políticos te roban mientras te explican que lo hacen por tu bien, te mienten mientras te acusan de no entender la verdad, te señalan por no cumplir normas que ellos violan sistemáticamente.

La única diferencia real entre Torrente y ellos es que nosotros pagábamos por reírnos del primero. Del segundo, pagamos impuestos para mantenerlos.

Quizá sea hora de preguntarnos: ¿Cuándo dejó de ser Torrente una parodia y se convirtió en un espejo? Y más importante aún: ¿Cuándo vamos a dejar de fingir que no nos vemos reflejados en él cada vez que encendemos las noticias?

Porque al final, la doble moral no es el problema. El problema es que funciona. Y mientras funcione, mientras sigamos eligiendo a nuestros propios Torrentes con corbata, el chiste seguirá siendo el mismo.

Solo que la gracia se nos agotó hace tiempo.


Nota final: Si te has sentido identificado con algún político en concreto al leer este artículo, enhorabuena: has entendido perfectamente de qué va esto. Si no te has sentido identificado con ninguno, quizá seas tú el que necesita un espejo. O quizá seas uno de esos políticos que piensan "esto no va conmigo" mientras haces exactamente lo mismo que describes aquí.

La escuela Torrente: donde la doble moral se enseña en masterclass y la cara dura se gradúa con honores.

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