Cuando el país se forra y tú te empobreces
LA GRAN DESCONEXIÓN: Cuando el país se forra y tú te empobreces
Nos han vendido un dogma económico indiscutible: "Si la economía crece, todos vivimos mejor". Nos dicen que hay que aumentar el PIB, atraer inversión y mejorar la productividad porque eso, inevitablemente, permeará hacia abajo (trickle-down economics).
Sin embargo, la historia y los datos demuestran que eso es mentira. Existe un fenómeno recurrente donde la riqueza de una nación se dispara mientras la calidad de vida biológica y material de sus ciudadanos se estanca o colapsa.
Pasó en la Revolución Industrial. Pasa en la España actual. Y, si no hacemos nada, pasará multiplicada por diez en la próxima Revolución Tecnológica.
1. El Espejo Victoriano (1760-1860): El crecimiento fantasma
Para entender nuestra situación, hay que mirar a la Inglaterra de la Revolución Industrial. Fue la época de mayor explosión económica de la historia humana hasta ese momento.
- El país se hizo de oro: Entre 1760 y 1860, el PIB per cápita se dobló (+100%).
- La élite arrasó: El 1% más rico pasó de controlar el 39-44% de la riqueza al 61% en 1875.
¿Qué pasó con la gente normal?
Mientras las fábricas producían como nunca, la realidad biológica de los trabajadores iba en dirección contraria:
- Se hicieron más pobres: La participación del 65% más pobre en los ingresos totales cayó del 29% al 25%.
- Se hicieron más bajos: Las alturas medias de las generaciones nacidas entre 1800 y 1869 cayeron. Ganaban un salario, pero no les llegaba para mantener su estatus nutricional.
- Vivían lo mismo: Tras 70 años de revolución tecnológica, la esperanza de vida apenas subió 5 años.
Los economistas llaman a esto la "Pausa de Engels" : un periodo de unos 60 años donde los beneficios del capital se dispararon, pero los salarios reales se estancaron completamente.
2. El Paralelismo Español (2000-2024): Nuevos ricos, nuevos pobres
Si cambiamos las fábricas de carbón por el sector servicios y el turismo, el patrón es idéntico. España es hoy infinitamente más rica que en 1960 (80 veces más PIB per cápita), pero la desconexión entre la macroeconomía y la vida real ha vuelto.
Al igual que en 1840 un minero gastaba el 58% de su sueldo en comida, hoy el trabajador español dedica porcentajes similares o superiores a la vivienda.
La ecuación moderna de la precariedad:
- Salarios reales: -8%.
- Precio de la vivienda: +45%.
El resultado es una clase trabajadora que, estadísticamente, vive en un país rico, pero cuya realidad material es de supervivencia. En el siglo XIX la trampa era la alimentación; en el siglo XXI es el techo. En ambos casos, el crecimiento del PIB no se tradujo en bienestar, sino en inflación de activos para los propietarios.
3. La Advertencia Final: La Próxima Revolución (IA y Robótica)
Aquí es donde el estudio del pasado se vuelve terrorífico. Si aplicamos la lógica de la Revolución Industrial a la inminente revolución de la Inteligencia Artificial, las conclusiones son claras.
Estamos a las puertas de un aumento de productividad brutal, similar al de 1760. La IA va a generar una riqueza inmensa. Pero, ¿quién se la va a quedar?
- Movilidad Social Cero: Los datos históricos muestran una persistencia del estatus social de 0,82. Los apellidos ricos de 1710 seguían siendo ricos en 1860. Hoy, las grandes tecnológicas y los fondos de inversión (los nuevos terratenientes) ya están posicionados para capturar casi todo el valor de la IA.
- La Nueva "Pausa de Engels": Si no hay corrección política, nos enfrentamos a otros 60 años donde los algoritmos y robots dispararán el PIB mundial, mientras los salarios humanos se estancan o desaparecen, repitiendo el ciclo de desigualdad extrema de la era Victoriana.
Conclusión:
El enriquecimiento de la nación (PIB) es una condición necesaria, pero no suficiente. Sin mecanismos de redistribución (sindicatos fuertes, regulación, impuestos), la tecnología no libera; esclaviza.
En el siglo XIX, los obreros tardaron casi un siglo en organizarse para empezar a ver los frutos de su trabajo. La pregunta para la próxima revolución tecnológica es: ¿Tenemos 60 años para esperar?